Uno, dos, tres...



jueves, 17 de marzo de 2011

Hundidos.


He soñado que los roles habían cambiado, tú decidías. He soñado con mi propia sumisión, yo no era yo, la que pensaba y actuaba no podía ser yo, me arrastraba hasta el punto de permitir que se decidiera por mí, que me escondieses por tu propio placer. He soñado con un bar en la oscuridad, con humo y tormento, con la atormentada situación del engaño, el entorpecimiento de la huida. He visto lo que no pensé, lo que nunca imaginé, lo que no llegué a sentir. He sido objeto de recreo, de deseo, de persona. Has jugado y te has quemado, después de esta noche, no volverás a ser el mismo; si el subconsciente decide recrearte de esa forma, habrá que hacerle caso, y omitir tu llegada, tu sonrisa, tus manos osadas. He soñado con un yo oprimido, utilizado, un yo sin tú, sin él y sin nosotros, un yo muerto. En el tercer peldaño de la escalera, quedaron nuestros peores recuerdos, escondidos tú y yo del mundo, de la vida, del destino. Fatídico escalón que no volveremos a pisar, que se hundió al despertar, y no volverá, nunca; jamás.

Lo peor de todo, ha sido el despertar. El sueño no era más que una metáfora de la realidad, y yo, sigo sometida a tus encantos, ni siquiera es eso, sometida a ti, sin encantos y sin nada.

01.11.2010

2 cenizas encendidas:

Ana dijo...

Es precioso, escribes genial. (L)

LUCÍA dijo...

me encanta como escribes paula!

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