Uno, dos, tres...



jueves, 13 de septiembre de 2012

Y dormíamos tan juntos que amanecíamos siameses.

Brindo porque se rompan los cristales de bohemia que nos oyeron respirar, las batallas de gestos que nos quitaron la razón, porque muera tu amor y mi avaricia. Brindo porque en otra noche de luna llena, me desnudes con un soplo de aire. Brindo porque ardan árboles y coches si nos oyen caminar. Grito una y otra vez lo bonitas que son las noches salvajes, si pisas el acelerador. Que por la autopista y de noche yo me pierdo si no llevo los ojos vendados. Que si me rozas, te muerdo, y si me tocas, me muero. Cuando no hay control y sólo somos dos entre la maleza, los insectos se arrodillan para sentir el calor de nuestros cuerpos. Y de un golpe seco pasamos a otra dimensión, donde reina tu piel y mis lunares, donde no existe el confín de los cuerpos, porque entre gemidos morimos una y otra vez, en la oscuridad de las sonrisas ebrias y las palabras de más. Sin dejar marcas, obligamos a las paredes a olvidar nuestras caras y recordar nuestras almas, que estallan en el vaivén de las cosas que vienen y van. Como un pez que encuentra a su banco, como un depredador volviendo a su madriguera, y como una pelea de leones hambrientos. El domador dirige la función mientras saltan fuegos artificiales, y una lluvia de estrellas capitula el viejo escenario cubierto de cuero. Y sólo cuando se esconde la luna y el sol vuelve a sonreír, sólo en plena ebullición, y cuando ya no hay fuerzas, sonidos ni fluidos que compartir, sólo cuando se escuchan los gallos comenzar un nuevo día, se sabe que es la hora de volver a la vida, de olvidar nombres y recordar las prendas que ardieron en el suelo. Porque el amor también se puede hacer sin sábanas y sin palabras bonitas. Y sigue siendo amor.

Míranos, no bailamos tan mal. by Pi Searchlight

miércoles, 8 de agosto de 2012

Y ahora de pronto, todo esto se ha ido.


Sabes que no hay nada mejor que besos por la mañana, y ahora es difícil amanecer en soledad. Es curioso cómo se puede pasar de la euforia al vacío emocional en un abrir y cerrar de ojos, pero contigo, todo era extremo. Parece mentira, pero vivíamos. Y vivíamos con los cinco sentidos, vivíamos con las manos, y con los pies, y con el sexo. Vivíamos tan deprisa que nunca nos dimos cuenta, y nunca llegaremos a aceptarlo, pero nada es nada. Podríamos escribir un libro, o dos; podríamos plantar un bosque entero con palabras, y hacerlo vivir con nuestro aliento, tan agitado que corta el aire. La furia del mar se alimentó de nuestros cuerpos, y dominábamos las mareas. Aún hoy, cuando sube el nivel del mar, te oigo respirar, pero al segundo, el agua desaparece y deja un hueco en mi mirada, y en mi cuerpo. Porque sí, nos llenábamos hasta rebosar, y entonces, era necesario abrir los ojos y tomar aire, para volver a empezar de nuevo, más despacio pero hasta el fondo. Y en el vaivén de las cosas que vienen y van nos deslizamos nosotros, siempre sin querer y luchando contra el destino, que impide que encajemos, que suframos, que gocemos. Volverán las noches eternas, como vuelve cada año la primavera, y volverán los días de tormenta, y volverá su olor, y el dolor. Volverá el invierno, y nuestro jardín florecerá en mil colores, y volveremos a dormir en las telarañas, sin saber qué está pasando ahí fuera. Y una vez más, en una habitación y a solas, crearemos vida, y no saldremos más.

viernes, 24 de febrero de 2012

Sembrando flores de algodón.

El viento se cuela entre los abedules que tiemblan con el paso del tiempo. A veces parecen tan felices, que cualquiera diría que su vida en las alturas es sencilla. Al pasar, las hojas vuelan, creando un armonioso baile entre ellas, como el encuentro de dos desconocidos que buscan saciar sus más íntimos deseos con el anonimato. Escondida, entre la maleza, queda una hoguera encendida. Aún huele a celebración alrededor, juraría que los indios han vuelto a pensar en la verdad, a brindar por la vida, a rezar con sus cuerpos. El aire sabe a piel húmeda, pero al apoyar la mejilla contra el suelo para descubrir ese universo infinito que se abre ante nuestros pies, aparece un lobo rezagado cerca del fuego. Tiene miedo, lo escribe al mirar. Está herido. ¿Lo ves? Es la piel. Es su piel lo que ha cambiado. Podría acercarme, muy despacio, y acariciar su lomo, como quien roza la luz del sol al despertar, sin erizarse. Podría tomarle, hablarle en mil idiomas, podría tumbarme y se quedaría tumbado, sincronizando la respiración, podría mirarle a los ojos, tocarle la boca, sentir su aliento, y no saber qué siente. Los lobos muestran ternura al morder. Está herido, y le duelen los contrastes. La luz de la mañana se cuela entre las copas de los árboles para alimentar su cuerpo, esquelético, libre hasta del alma más pura, y él se deja hacer. Ya no le queda nada. ¿Lo ves? Está herido. Y con el rocío, llora la evidencia y el engaño, la empatía y la traición. Pero cuando llega la noche, sin moverse, como temiendo ver lo que hay más allá de su horizonte, el lobo habla con los pájaros del sueño. Sin inmutarse, cada noche se eleva con ellos a su paradero, como queriendo escapar a sí mismo, pues el lobo está solo. Debería volver y descansar, quitarse la piel, poco a poco y sin dolor. Yo me tumbaría a su lado, y en una breve expiración, inspiraría toda la belleza y la frescura de la hierba durante un solo segundo. Después, en un último intercambio de palabras, le haría conocer su verdad, que es la mía. Y agonizando, escribiríamos, entre pezuñas: “Todos somos vulnerables.”

Hasta las manos., a photo by Pi Searchlight on Flickr.
Hasta las manos. by Pi Searchlight

jueves, 29 de diciembre de 2011

Protolisis

Entre la inmensidad de las sorpresas y puñaladas, la ebriedad de los pasos sigilosos por el pasillo, la magia del desconcierto y el albor del aire entrando por la ventana, me asomo cuidadosamente a la hoguera extasiada al sopor de la naturaleza. Bajo el árbol, esta vez sólo he dejado mi rendición, firmada en una hoja en blanco. Este año pediré que desaparezcas, lo he decidido. Con carboncillo dibujo en las paredes gritos de histeria y plumas de un edredón destrozado; ya no volveremos a respirar. Y ahora sólo mátame. Mátame antes de oír mis gritos enjaulados, antes de que el tiempo me robe los lunares. Mátame, dominado por la luna gris, con restos de sangre en las manos. Róbame cada uno de mis pensamientos, arráncame los ojos, quémame la piel. Quítamelo todo. Y cuando no me quede nada, recogeré una a una las gotas de lluvia de toda la ciudad, buscaré en cada esquina una mota de polvo que pueda asfixiar tu angustia, que acabe con las palabras, que arroje el aire por el precipicio. Te ahogaré con un montón de hojas secas, y entonces nos volveremos a encontrar en el vacío. Pero esta vez será diferente, no habrá nombres, ni cuchillos, ni cucharas. Esta vez, nos entregaremos un ramo de flores, se oirá un golpe seco, y el vapor se escapará por debajo de la puerta. Y nadie dirá nada.

Turnedo by Pi Searchlight
Turnedo, a photo by Pi Searchlight on Flickr.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Essai.






El amor deshace a los poetas. El poeta es aquel a quien la inspiración le llega a la hora de plasmar sus sentimientos, que no siempre decide mostrar. El sentimiento amoroso es una ilusión abstracta -como todas las ilusiones, me dirás- que el mundo lleva a la ligera; no se trata del sentimiento de felicidad admitida que la sociedad considera, sino del turbulento espectro que domina al hombre -y no que es dominado por este último- que oscila entre el dolor más profundo y el éxtasis más sutil. El poeta no conoce el amor; el poeta, o dueño de la lírica, ama la idea de amar, y vive de la curiosidad que le causa, de la emoción que le conmueve y de la imaginación que derrocha. Pero, cuando al hombre le llega el amor, entonces pierde la maestría de las palabras, sufre la degradación proteínica de la conciencia. Cuando asume que siente este fenómeno, entonces deja de existir. El amor, y el poeta.


miércoles, 9 de noviembre de 2011

Muertos vivientes en la ciudad.

A ti, que vives con los ojos cerrados al mundo, que no tienes valor para sentir y decirlo, que le tienes miedo a la vida; que temes a la gente. A ti, que te escondes bajo un caparazón de acero para impedir que nadie te vea llorar en las noches de luna llena. A ti, corazón salvaje, que has sufrido en silencio una y otra vez, viendo tu vida pasar por delante, y que un día te dejaste llevar por el silencio, ¡maldito! ¿De qué sirve amar si no es para crear una explosión tan nítida, tan pura, tan limpia como los llantos de un bebé recién nacido? ¿Si no es para sentir el profundo filo que terminará con tu vida? Dime, ¿para qué vivir en busca de un ideal inalcanzable, cuando a tu lado respira el alma que te mantiene vivo? Y tú, tan ciego. A ti, que cuando te quieras dar cuenta de ello, estarás muero. ¡Siéntelo!

domingo, 9 de octubre de 2011

Carta a la viuda del placer.

Hoy, hoy podría escribir con lágrimas. Podría decir que la luna es negra y que el amor deshace a los poetas. Podría contar que esto es sólo un intento de escrito, pero que no me salen las palabras. Y que lo hago público. Que no vale nada. Podría hacer tantas cosas, que me quedo clavada en la imaginación. Por último, añado, no sin dolor, que sin audiencia, la escena deja de existir. Y que esa escena, soy yo.

Ego et moi.

Ego et moi.

Amigos

Hello I love you, won't you tell me your name?

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Let's do some living.