Uno, dos, tres...



sábado, 14 de mayo de 2011

Utopie.

Carpedile est un énorme quadrilatère entouré d'eau. Les côtes sont multifonctionnelles; en effet, la marée est stable, et les vagues s'adaptent à l'activité qui les réclame. Les tsunamis évidemment n'existent pas, ainsi que les divers phénomènes géologiques. En effet, l'île flotte sur l'océan qui n'est lui même soutenu par rien d'autre que le vide. Le monde est plat.
Des lignes continues de bâtiments divisent la ville, formant un filet harmonieusement carré. Chaque sous-partie est entourée d'un canal d'eau cristalline, qui coule tout au long de la cité. La nuit, il pleut de façon à fournir l'eau à la ville, qui n'est jamais en manque, mais bien sûr, le matin la ville est sèche pour pouvoir vivre le quotidien correctement.
À l'intérieur de chaque division, on trouve une forêt dont la splendeur reste gravée dans la mémoire de celui qui la visite. Les immenses arbres dominent le bois, avec un colossal feuillage d'un vert émeraude, des troncs d'énorme diamètre, et une hauteur vertigineuse. On respire un air si pur qu'on pourrait croire qu'on touche le ciel à deux mains. La verdure se mêle aux reflets bleus que donne la cascade, dont l'eau est d'un bleu azur si profond que l'on peut tout comtempler, tel un miroir. Le son de l'eau qui tombe retentit dans la douce pinière, et remplit de vie les alentours. Les vallées abritent de précieux oiseaux de toutes les couleurs qui survolent la ville. Les colibris chantent le matin, et volent d'un coin à l'autre de Carpedile, tandis que les canaris restent sur le balcon à admirer la beauté qui les entoure.
Les constructions sont grandioses, mais d'un aspect si simple, si sobre, qu'elles atteignent le summum de l'élégance et de la fonctionnalité. Les musées, en grand nombre et ornés de mille colonnes, remplissent la ville de culture, et mêlent les souvenirs du passé, avec les inventions du futur.
Les Carpediliens sont si cultivés, si intelligents, si beaux qu'ils n'ont pas d'idéaux, et ne sont pas perdus dans la société de consommation. L'argent n'existe pas; de cette façon, les crises économiques ne peuvent pas avoir lieu. Tous les Carpediliens sont égaux, femmes ou hommes, jeunes ou vieux, et ils sont si généreux que personne n'est jamais en manque. À Carpedile, il n'y a pas de dirigeants. Chaque habitant fait ce dont il a envie, sans se laisser influencer par personne. Ils sont si conscients que leur liberté finit là où commence celle des autres, qu'ils ne pensent jamais à faire le mal. Il y a une seule règle primordiale que les Carpediliens affichent sur les portes de leur maison:

LA LIBERTÉ COMMENCE OÙ L'IGNORANCE FINIT.

Por cela, depuis leur plus tendre enfance ils s'exercent à lire, à écrire, à comprendre tout ce qui les entoure, à connaître les pourquoi de la vie, à découvrir les petits plaisirs de la science. Les enfants, le matin, vont à l'école, où on leur apprend à penser, à réfléchir et à avoir une opinion critique sur la vie. À l'école, on apprend les enfant à vivre. [...]
Les Carpediliens ont cette envie de vivre qui caractérise les plus fous. Ils aiment être actifs, courir, sauter, lire, écrire, s'allonger sur l'herbe et philosopher, ils adorent travailler et réfléchir, et profiter de chaque instant. Carpe Diem constitue leur premier dogme. Ils sont tous égaux mais à la fois si différents... Sociables, joyeux, vifs, intéressants, avec une originalité débordante et une créativité jamais vue.
La paix et l'harmonie dans laquelle ils vivent donne à la ville un air si doux, si confortable, qu'ils ne cherchent pas à changer leur système politique. [...]
Pour ces raisons, la vie à Carpedile était si simple et si complète que tout allait toujours pour le mieux. Tout allait si bien, que tous les systèmes postérieurs se sont inspirés de celui-ci, mais aucun d'eux n'a pu l'égaler jamais. Si bien, que même les défauts étaient à imiter. Que même le Ciel l'enviait.

domingo, 1 de mayo de 2011

Me borré del mapa del tesoro.

"Desearía ser una pintura de Andy Warhol colgada en la pared. O un pequeño Joe. O tal vez Lou. Me encantaría ser todos ellos. Todos los corazones rotos y secretos de New York serían míos. Te pondría en un carrete de película y eso sería grandioso." Control


No quiero volver a tener que madrugar. No puedo más. Estoy agotada.


miércoles, 27 de abril de 2011

Despedida.

Despedida. by Pi Searchlight
Despedida., a photo by Pi Searchlight on Flickr.

sábado, 23 de abril de 2011

El cajón sin tu ropa.

Hoy es el funeral de los días tristes. De los ratos amenos. De los tragos secos. La determinación. El miedo. Inseguridad. Tres adjetivos que te califican. Dímelos ya. No te entiendo. ¿De qué vives? De sueños. De tristeza. Locura. Pasión. No me conoces. Pregúntame cuál es mi color favorito. Vámonos de viaje. ¿Escapada? Por qué no. Te equivocas. Si te apetece. Tu casa, siempre tu casa. No hay ruido. Cierra la puerta. ¿Te quedas? Hasta mañana. Ponte detrás. ¿Ves eso? Un cuadro. El mar. Desayuno. Que descanses. Retroceder. Cierra los ojos. Huele a miel. Huye. No hables más, no quiero saberlo. ¡Feliz día! Escribe una canción. ¿Eres feliz? Azul.

jueves, 21 de abril de 2011

Encuentro de despedida.

Fue el día de nuestra despedida cuando te encontré, escondido entre sábanas de lino azul y con los ojos puestos en el mar. Estabas cansado, y mirabas de reojo la puerta. Nos habíamos repetido aquellas palabras tantas veces desde esa fría noche de invierno... 'Despacio'. Se nos olvidó desde el primer instante en el que tú cruzaste aquella calle. Vivimos de momentos fugaces, de noches ardientes, de eclipses de sol. Con las ojeras a cuestas, matábamos el tiempo a base de besos eléctricos en las esquinas de la ciudad. ¿Recuerdas cuando volábamos en la misma dirección? No ocurría a menudo pero era maravilloso. Tú nunca te ponías de acuerdo en qué querías desayunar. Leche, galletas, y a ti, corazón. Nuestra banda sonora era el sonido de la lluvia resbalándose por esqueletos desnudos. 'Amor'. Qué ingenuos, no sabíamos de lo que hablábamos. Pero a nosotros nos dio la vida, arrebatándonos el tiempo de hablar de estrellas en la punta de la nariz. Lo reinventamos día a día, sufriendo con la idea de desfallecer antes de tiempo. Somos caprichos, te dije, caprichos del tiempo. Y el tiempo decidió abandonarnos cuando más dependientes éramos. Me dijiste 'suave'. Con esa voz que solo nosotros llegábamos a escuchar, que quedaba tatuada en la espina dorsal de la buhardilla, en esa fase intermedia que se crea entre los sueños, la vida, y la muerte. Nos encerramos allí durante un tiempo, no recuerdo cuanto; nuestra historia fue como aquel sueño del prisionero naranja, inverosímil. Y morimos, flotando. 'Suavecito', como la piel tersa de tu espalda y tus cuarenta lunares, como tu dedo rozando mi silueta desnuda, 'suavecito' como nuestro despertar, tan juntos que amanecíamos siameses, como las cosquillas de tu pelo en mi cuello cada mañana, como los besos en el pecho, o las manos en la cintura. Sin disimulo, vestíamos nuestros huesos de un aura mágica y algunos trapos viejos. El frío desaparecía cuando nos dibujábamos una y otra vez en cada pared, cuando nos cantábamos que los tambores dejarían de sonar cuando uno de los dos ganase la guerra, cuando nos disparábamos tan fuerte que nos desgarrábamos la piel de sudor. Demolimos toda nuestra fortaleza una y otra vez, con cada suspiro al oído, con cada caricia. Y es que tú acaricias tan bien...
Caímos en la cuenta de no creernos lo que ocurría, de no saber qué decíamos, ni a dónde nos dirigíamos. No lo pensemos, susurraste, no necesitamos las palabras. Y ahora, que ha vuelto el temporal, te encuentro en cada canción, en cada poema, en cada renglón de cada libro. Poesía y arte, eso eres tú. Fuimos dos desconocidos a la deriva; nos descubrimos la noche de nuestra despedida. Cuando encontramos las palabras, cuando nos faltó el aliento.



P.S.: las fotos y la edición vendrán cuando encuentre un ordenador.

jueves, 17 de marzo de 2011

Hundidos.


He soñado que los roles habían cambiado, tú decidías. He soñado con mi propia sumisión, yo no era yo, la que pensaba y actuaba no podía ser yo, me arrastraba hasta el punto de permitir que se decidiera por mí, que me escondieses por tu propio placer. He soñado con un bar en la oscuridad, con humo y tormento, con la atormentada situación del engaño, el entorpecimiento de la huida. He visto lo que no pensé, lo que nunca imaginé, lo que no llegué a sentir. He sido objeto de recreo, de deseo, de persona. Has jugado y te has quemado, después de esta noche, no volverás a ser el mismo; si el subconsciente decide recrearte de esa forma, habrá que hacerle caso, y omitir tu llegada, tu sonrisa, tus manos osadas. He soñado con un yo oprimido, utilizado, un yo sin tú, sin él y sin nosotros, un yo muerto. En el tercer peldaño de la escalera, quedaron nuestros peores recuerdos, escondidos tú y yo del mundo, de la vida, del destino. Fatídico escalón que no volveremos a pisar, que se hundió al despertar, y no volverá, nunca; jamás.

Lo peor de todo, ha sido el despertar. El sueño no era más que una metáfora de la realidad, y yo, sigo sometida a tus encantos, ni siquiera es eso, sometida a ti, sin encantos y sin nada.

01.11.2010

viernes, 4 de marzo de 2011

Extraño en mi cama.

Abro los ojos de nuevo, pestañeo, alzo la mirada, miro al horizonte y respiro. Una cerveza, bien fría, cuando pueda, por favor. Mientras, atino el objetivo, admito que mis fantasías no suelen estar plasmadas con frecuencia, pero no es porque no lo intente, es que no lo consigo. Con la cámara, fijo un punto cerca del techo, donde las flores rojas de plástico parecen flotar sobre un pequeño saliente lleno de mugre y roído por el tiempo. Por fin llega la bebida; me empapo con ella los labios, y luego, paso lentamente mi lengua sobre ellos. Mmm… qué satisfacción, está realmente fría, tanto que me provoca un pinchazo en la cabeza, tanto que podría cortar el aliento. Oigo, de fondo, un murmullo que busca consuelo, es poesía, o eso creo, a estas horas ya no estoy seguro de nada. Si lo que escucho es poesía, entonces el dueño de la lírica debe ser un poeta, ¿no? Pero, me pregunto quién se encarga de clasificar nombres entre aptos y no aptos. ¿De qué sirve? Y tú, que mueres en la oscuridad de un candelabro, vas perdiendo tus pétalos cada vez que sale el Sol. He de admitir, que  algunos merecen la etiqueta. Y entonces me viene a la mente el recuerdo del joven artista al acercarse a su fin, cuando su mayor objetivo era el de peinarse como aquellos grandes hombres de la época clásica, sí, como Mozart, o Vivaldi, o alguno de esos nombres que suenan tan lejanos; su mayor deseo, era entonces dejarse crecer los últimos cabellos que tenía, para poder recogérselos y darse un aire… literario.
Son tres euros, aquí tiene, muy amable. No dejo propina, supongo que entenderá que mi bolsillo tiene algún que otro agujero este mes. Me levanto, cojo mi cámara, guantes, me enfundo en mi abrigo de piel, y salgo a la calle. El viento me azota en la cara, y me grita aquellas palabras que tú susurrabas. Ahora lo entiendo, no era más que un aviso de que te ibas. Me mentiste, nos mentiste a todos, tú sabías que tu partida estaba cerca, que el tren salía con destino el vacío, a la mañana siguiente. Saco del bolsillo un cigarrillo. ¿Tiene fuego? Gracias. Fumar de noche en la calle es satisfactorio; y qué si pierdo siete malditos minutos de vida, ¿hubiese sabido utilizarlos mejor?

Ego et moi.

Ego et moi.

Amigos

Hello I love you, won't you tell me your name?

Mi foto
Let's do some living.