Despedida., a photo by Pi Searchlight on Flickr.
miércoles, 27 de abril de 2011
sábado, 23 de abril de 2011
El cajón sin tu ropa.
Hoy es el funeral de los días tristes. De los ratos amenos. De los tragos secos. La determinación. El miedo. Inseguridad. Tres adjetivos que te califican. Dímelos ya. No te entiendo. ¿De qué vives? De sueños. De tristeza. Locura. Pasión. No me conoces. Pregúntame cuál es mi color favorito. Vámonos de viaje. ¿Escapada? Por qué no. Te equivocas. Si te apetece. Tu casa, siempre tu casa. No hay ruido. Cierra la puerta. ¿Te quedas? Hasta mañana. Ponte detrás. ¿Ves eso? Un cuadro. El mar. Desayuno. Que descanses. Retroceder. Cierra los ojos. Huele a miel. Huye. No hables más, no quiero saberlo. ¡Feliz día! Escribe una canción. ¿Eres feliz? Azul.
jueves, 21 de abril de 2011
Encuentro de despedida.
Caímos en la cuenta de no creernos lo que ocurría, de no saber qué decíamos, ni a dónde nos dirigíamos. No lo pensemos, susurraste, no necesitamos las palabras. Y ahora, que ha vuelto el temporal, te encuentro en cada canción, en cada poema, en cada renglón de cada libro. Poesía y arte, eso eres tú. Fuimos dos desconocidos a la deriva; nos descubrimos la noche de nuestra despedida. Cuando encontramos las palabras, cuando nos faltó el aliento.
P.S.: las fotos y la edición vendrán cuando encuentre un ordenador.
jueves, 17 de marzo de 2011
Hundidos.
He soñado que los roles habían cambiado, tú decidías. He soñado con mi propia sumisión, yo no era yo, la que pensaba y actuaba no podía ser yo, me arrastraba hasta el punto de permitir que se decidiera por mí, que me escondieses por tu propio placer. He soñado con un bar en la oscuridad, con humo y tormento, con la atormentada situación del engaño, el entorpecimiento de la huida. He visto lo que no pensé, lo que nunca imaginé, lo que no llegué a sentir. He sido objeto de recreo, de deseo, de persona. Has jugado y te has quemado, después de esta noche, no volverás a ser el mismo; si el subconsciente decide recrearte de esa forma, habrá que hacerle caso, y omitir tu llegada, tu sonrisa, tus manos osadas. He soñado con un yo oprimido, utilizado, un yo sin tú, sin él y sin nosotros, un yo muerto. En el tercer peldaño de la escalera, quedaron nuestros peores recuerdos, escondidos tú y yo del mundo, de la vida, del destino. Fatídico escalón que no volveremos a pisar, que se hundió al despertar, y no volverá, nunca; jamás.
Lo peor de todo, ha sido el despertar. El sueño no era más que una metáfora de la realidad, y yo, sigo sometida a tus encantos, ni siquiera es eso, sometida a ti, sin encantos y sin nada.
01.11.2010
viernes, 4 de marzo de 2011
Extraño en mi cama.
Abro los ojos de nuevo, pestañeo, alzo la mirada, miro al horizonte y respiro. Una cerveza, bien fría, cuando pueda, por favor. Mientras, atino el objetivo, admito que mis fantasías no suelen estar plasmadas con frecuencia, pero no es porque no lo intente, es que no lo consigo. Con la cámara, fijo un punto cerca del techo, donde las flores rojas de plástico parecen flotar sobre un pequeño saliente lleno de mugre y roído por el tiempo. Por fin llega la bebida; me empapo con ella los labios, y luego, paso lentamente mi lengua sobre ellos. Mmm… qué satisfacción, está realmente fría, tanto que me provoca un pinchazo en la cabeza, tanto que podría cortar el aliento. Oigo, de fondo, un murmullo que busca consuelo, es poesía, o eso creo, a estas horas ya no estoy seguro de nada. Si lo que escucho es poesía, entonces el dueño de la lírica debe ser un poeta, ¿no? Pero, me pregunto quién se encarga de clasificar nombres entre aptos y no aptos. ¿De qué sirve? Y tú, que mueres en la oscuridad de un candelabro, vas perdiendo tus pétalos cada vez que sale el Sol. He de admitir, que algunos merecen la etiqueta. Y entonces me viene a la mente el recuerdo del joven artista al acercarse a su fin, cuando su mayor objetivo era el de peinarse como aquellos grandes hombres de la época clásica, sí, como Mozart, o Vivaldi, o alguno de esos nombres que suenan tan lejanos; su mayor deseo, era entonces dejarse crecer los últimos cabellos que tenía, para poder recogérselos y darse un aire… literario.
Son tres euros, aquí tiene, muy amable. No dejo propina, supongo que entenderá que mi bolsillo tiene algún que otro agujero este mes. Me levanto, cojo mi cámara, guantes, me enfundo en mi abrigo de piel, y salgo a la calle. El viento me azota en la cara, y me grita aquellas palabras que tú susurrabas. Ahora lo entiendo, no era más que un aviso de que te ibas. Me mentiste, nos mentiste a todos, tú sabías que tu partida estaba cerca, que el tren salía con destino el vacío, a la mañana siguiente. Saco del bolsillo un cigarrillo. ¿Tiene fuego? Gracias. Fumar de noche en la calle es satisfactorio; y qué si pierdo siete malditos minutos de vida, ¿hubiese sabido utilizarlos mejor?
lunes, 21 de febrero de 2011
Des vieux placards.
...Vous êtes ce petit Gainsbourg provocateur à la parole et sensible aux sensations. Vous êtes, si j'ose dire, la répression de l'amour interdit par la mûre nonchalance...
jueves, 3 de febrero de 2011
El baúl de las pesadillas.
Del baúl de las pesadillas salen dragones encantados que arrojan a pedazos la libertad, duendes maléficos que se encargan de deshacer los sueños construidos durante el día, que rompen con destreza el brillo de los ojos, mutilan piezas de inventario capaces de recrear una realidad fantasiosa. También están las brujas feas y furiosas de los cuentos, expertas en conjuros capaces de hacer de la vida, un infierno inevitable de casualidades, de forjar personas-objeto insensibles, que no sientan pena, ni dolor, ni conozcan el amor. Los elfos trepan por las paredes del baúl buscando construir el camino hacia la pérdida del deseo, de la ambición y las ganas. Detrás, los monstruos roban los colores; el verde, el amarillo, azul, rojo, blanco. Todo se vuelve vacío y no queda ni una silueta valiente. La inteligencia pasa a manos de gigantes hambrientos, capaces de engullir trescientos cincuenta y ocho mil ciento siete cerebros por minuto. Dinos, ¿cuánto tiempo nos queda hasta volvernos muñecos?
El arte se evapora, absorbido por una nube de tormenta que aflora en el suelo del baúl; la música, el cine, el teatro, se diluyen, se vuelven vapor de agua ardiendo por el dolor de la pérdida; la fotografía, la pintura, escultura, se entierran entre desechos de mentes rebeldes y salvajes. Y la escritura... La escritura se pierde con la retórica, la voz se la lleva el viento, tan lejos que ni los ojos más avispados consiguen intuirlo.
Por fuera, el baúl está hecho de dudas y heridas, de inseguridad, violencia, miedo, pánico, terror. Por la noche, el candado, con la magia viva, se abre, y la vida se acaba. Por suerte o por desgracia, cada mañana, todo vuelve a su lugar, y sólo queda el frágil recuerdo del pavor sentido. Pero, ¿cómo sabemos si el baúl sigue abierto? ¿Y si jugamos a las adivinanzas? Empiezas tú.
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