He llegado a una conclusión: todos estamos contra todos. Venga, dime que no.´
Ya lo he entendido: no se trata de buscar culpables cuando las cartas están en mis manos.
Todo se remonta a la construcción de los cimientos, cuando tú, más entusiasta que yo, empezaste a construir lo que sería, tiempo después, The House of the Rising Sun. Yo, ansiosa por conocer el resultado, cogí los ladrillos, el cemento, y empezamos a construir. Llegó el primer piso, y el segundo. Cuando nos planteamos si seguir subiendo, apareció el problema. ¿Para qué una casa tan grande si sólo somos dos? Entonces llegó el mal tiempo, tormentas, tornados y lluvia. Los okupas de la zona, decidieron que nuestra morada era más que confortable para permanecer durante un tiempo, sin fecha de expedición. En ese momento, tú decidiste salir de nuestro hogar, para ir a buscar ayuda al exterior, pero los extraños aprovecharon para encerrarme en una habitación y presionarte, amenazarte y hacerte cambiar de idea sobre nuestro proyecto en común. Al final decidiste irte, me dejaste sola y me devoraron los mosquitos, o moscardones incluso.
Tiempo después, reflexionaste, y te diste cuenta de que abandonar un proyecto que habíamos estado fabricando, paso a paso, gota a gota, durante tanto tiempo, no era una buena idea, y de que lo que te dijesen los demás no te importaba. Entonces, aún triste y malherido, volviste, volviste con más ganas de llegar al final de aquello, de terminar lo que se empezó, de decir adiós a la fase constructiva y saludar a la evolutiva; de crear un nosotros.
Te lo puedo explicar de otra forma. Tú me regalaste la baraja de cartas, yo te dejé repartir, y decidiste jugar a tu juego con tus normas. No me quejo, por el momento me parece divertido.




